Congreso de Antropología Feminista

Temática - S31. Violencias de género y políticas públicas. Repensando abordajes feministas

  • Débora Ávila Cantos - Universidad Complutense de Madrid)
  • Estibaliz De Miguel Calvo - Universidad del País Vasco, UPV/EHU
  • Ana Alcázar Campos - Universidad de Granada

Este panel es continuación del ya celebrado en el Congreso de Granada, donde nos adentramos en la cárcel como problema; en el proyecto de restauración patriarcal que implica el fortalecimiento del aparato punitivo, junto con la alianza del patriarcado y el poder judicial y, por último, en las experiencias de autodefensa feministas. El mismo se enmarca dentro del Proyecto de Investigación PID2023-148552OB-I00, Políticas feministas: análisis de prácticas no punitivas y modelos alternativos en el contexto de las violencias machistas. Es por eso que partimos de una mirada crítica al punitivismo, en particular en su expresión en las políticas públicas orientadas a dar respuesta a la violencia de género.

Tomando esto como punto de partida, nuestra intención es continuar con estas reflexiones. En palabras de Donna Haraway (2019), “nos quedamos con el problema”. Un quedarse/seguir con el problema que nos hace ampliar la mirada más allá de lo carcelario, sin desconocer su centralidad, hacia un entramado más amplio de control y castigo que comienza mucho antes del encierro. El dispositivo punitivo se despliega en una compleja red de instituciones —el sistema judicial, los servicios sociales, la salud mental, los dispositivos de atención a la violencia, entre otros— que reproducen, con distintos grados de visibilidad, las estructuras de opresión y desigualdad propias del orden patriarcal. En estas instituciones, la violencia machista no aparece como una anomalía, sino como un mecanismo estructural de disciplinamiento y control de las mujeres, las infancias y las disidencias sexuales. Paradójicamente, son las mismas instancias estatales que se presentan como garantes de una vida libre de violencia las que, al estar atravesadas por la lógica patriarcal, terminan perpetuando la violencia que dicen combatir.

A estas formas de reproducción institucional de la violencia las nombramos violencia institucional. A diferencia de las expresiones más evidentes del aparato represivo

—como las cárceles o los centros de internamiento—, la violencia institucional se manifiesta de manera cotidiana, sutil y normalizada en los servicios públicos. No requiere intencionalidad ni dolo por parte del funcionariado: se produce a través de normativas, prácticas y omisiones que, como recuerda Laia Serra (2022), deben medirse no por su propósito, sino por sus efectos.

Los debates del panel anterior mostraron, además, que este (anti)punitivismo “no es uno”, sino un campo atravesado por tensiones entre las demandas de protección frente a las violencias, la centralidad otorgada al castigo y la necesidad de imaginar otros horizontes de justicia feminista, comunitaria y decolonial. En continuidad con esos tres ejes —la cárcel como problema político y social, la restauración patriarcal y las violencias institucionales, y las experiencias de autodefensa y justicia no punitiva—, este panel busca acoger investigaciones y experiencias que: (a) interroguen, desde una perspectiva feminista, el lugar de la prisión y de los dispositivos de control en la gestión de las violencias machistas, (b) analicen cómo el entramado institucional y judicial participa en la restauración del orden patriarcal y en la producción de violencia institucional; y (c) exploren prácticas vivas de acompañamiento, justicia restaurativa, memoria, escritura, autodefensa y organización colectiva que, desde los feminismos, ensayen respuestas no punitivas a las violencias. Nos interesa, de manera particular, abrir un espacio para pensar juntas los límites, ambivalencias y potencias de estas propuestas: ¿cómo disputar la violencia institucional sin reforzar el punitivismo?,¿cómo movernos más allá del binomio víctima/victimario y del mandato de castigo, sin renunciar a la protección, la reparación y la verdad?

Proponemos especialmente contribuciones que dialoguen con algunas de las siguientes preguntas, sin limitarse a ellas:

  • ¿Cómo se articulan hoy la cárcel y otros dispositivos de control en la gestión de las violencias machistas, y qué efectos producen en las vidas de las mujeres, las infancias y las disidencias sexuales a las que dicen proteger?
  • ¿De qué maneras concretas las instituciones llamadas de “protección” (juzgados, servicios sociales, salud mental, dispositivos de atención a la violencia, sistemas de protección a la infancia, escuelas…) participan en la restauración del orden patriarcal y en la producción de violencia institucional, y cómo se viven y se nombran estas violencias desde abajo?
  • ¿Qué prácticas de autodefensa, acompañamiento, organización comunitaria, justicia restaurativa o reparación simbólica están ensayando los feminismos —especialmente los feminismos populares, decoloniales y antirracistas— frente a las violencias machistas y a la violencia institucional, y qué potencias y límites encuentran en ese camino?
  • ¿Cómo pensar las tensiones del campo antipunitivista —entre la demanda de protección, el mandato de castigo y la necesidad de verdad, reconocimiento y reparación— sin reducirlas a un dilema abstracto, sino anclándolas en experiencias situadas, en conflictos concretos y en los dilemas ético-políticos de quienes acompañan y son acompañadas?
BIBLIOGRAFÍA:

Haraway, Donna J. (2019). Seguir con el problema. Generar parentesco en el Chthuluceno. Ed. Consonni.

Serra, Laia (2022). “El reconocimiento de las violencias institucionales. Una nueva herramienta para exigir los derechos de las mujeres”, Idees, núm. 59, URL: https:// revistaidees.cat/es/el-reconocimiento-de-las-violencias-institucionales-una-nueva-herra mienta- para-exigir-los-derechos-de-las-mujeres/ [11-10-2025].

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