Congreso de Antropología Feminista

Temática - S28. Hacer, cuidar y corresponder. Prácticas del habitar

  • Catalina Cortés Severino – Facultad de Ciencias Humanas, Universidad Nacional de Colombia
  • María Camila Montalvo-Senior –  Universidad de Granada, España.

Este simposio propone un espacio de encuentro interdisciplinar para reflexionar sobre hacer, cuidar y corresponder como modos de pensamiento y acción que atraviesan la vida cotidiana, la creación y el habitar. Frente a las crisis globales y los desafíos socioambientales contemporáneos, estos conceptos permiten pensar la existencia como una práctica relacional y situada, en la que los vínculos entre humanos, no humanos y territorios se sostienen a través de trabajos materiales, afectivos y éticos. También nos interesa visibilizar cómo los feminismos situados, comunitarios y más-que-humanos producen respuestas de resistencia y re-existencia desde la cotidianeidad, los oficios, la materialidad y la creación. Desde una mirada que articula antropología, arte, ecología política y hacer práctico, el simposio busca discutir cómo estos tres verbos son gestos concretos que sostienen la vida: desde labores de cuidado invisibilizadas hasta oficios, prácticas comunitarias, saberes materiales, modos de atención, gestos de reparación y formas de corresponder con la tierra.

Hacer

“Hacer” se entiende aquí como una forma de conocimiento encarnado y situado, donde los cuerpos, las herramientas, los materiales y los territorios se transforman mutuamente. Siguiendo perspectivas como la de Tim Ingold, el hacer no es únicamente producción de objetos, sino un proceso de correspondencia con el entorno, donde se aprende moviéndose, tocando y siendo afectado por las cosas. En diálogo con epistemologías del Sur global, este hacer encarnado resuena con el sentipensamiento propuesto por Arturo Escobar y Orlando Fals Borda, donde conocer implica pensar y sentir con el territorio, permitiendo que los cuerpos y los mundos se transformen recíprocamente. Tejer, sembrar, cocinar, curar, construir, caminar o documentar son prácticas que sostienen la vida y, a la vez, formas de pensamiento encarnado.

Cuidar

Cuidar implica prácticas materiales, afectivas y éticas orientadas a sostener, reparar y mantener la vida en condiciones concretas. Inspirado en autoras como Donna Haraway y María Puig de la Bellacasa, el cuidado no se reduce a una emoción o intención moral, sino a un trabajo cotidiano, desde una perspectiva feminista, que requiere tiempo, esfuerzo, gestos y relaciones. Al mismo tiempo, la literatura crítica del Sur ha ampliado su comprensión: Olga María Bermúdez recuerda que el cuidado se sostiene en la reciprocidad, no solo como devolución, sino como respeto por los ciclos naturales y reconocimiento de la interdependencia entre todos los seres. Entendemos el cuidado no como moral o afecto, sino como una acción feminista situada que produce mundos comunes y desafía las lógicas capitalistas y androcentristas que precarizan la vida. En esta clave, el cuidado se vuelve una práctica relacional y política, sostenedora de mundos humanos y más-que-humanos, especialmente en contextos de despojo, precarización y crisis ambiental.

Corresponder

Corresponder supone un modo de relación que reconoce la co-dependencia entre seres y territorios. Desde las ideas de Ingold, corresponder es participar en los procesos del mundo, seguir sus líneas y permitir que pensamiento y hacer se entrelacen con aquello que nos afecta. No se trata solo de devolver, sino de estar atentos, acompañar, sostener, reparar y devolver en tiempos y ritmos que no son únicamente humanos. En el pensamiento latinoamericano, Silvia Rivera Cusicanqui propone la noción de comunidades de afinidad como formas de cohabitar desde la escucha, la alimentación, la palabra, el aire y los pensamientos, entendidos como parte de un metabolismo común. Raquel Gutiérrez, por su parte, enfatiza que el cuidado es práctica comunitaria que desborda el ámbito privado y se convierte en horizonte político: producir lo común para sostener la vida en colectivo frente al avance del capitalismo y la devastación territorial.

A partir de estas perspectivas, el simposio busca abrir un diálogo sobre el hacer-cuidar-corresponder entendido como práctica vital, relacional y situada, que entrelaza trabajo manual, creación de entornos, sostenimiento cotidiano y atención a lo humano y lo más-que-humano. Se convoca a reflexionar sobre el cuidado como forma de conocimiento y la correspondencia como práctica filosófica, ética y política; modos de estar con los otros —personas, materiales, paisajes, espíritus, memorias— desde la sensibilidad, la creatividad y la reciprocidad. Aquí, los cuerpos y los afectos ocupan un lugar central: cuerpos que cuidan, que hacen, que sienten y que se transforman con otros cuerpos y territorios.

Invitación

Convocamos investigaciones, experiencias y reflexiones que exploren cómo el hacer, el cuidar y el corresponder configuran prácticas de habitar; cómo se despliegan en comunidades, oficios, saberes tradicionales, ecologías del cotidiano, prácticas artísticas, procesos colaborativos, metodologías participativas o activismos territoriales; y cómo estos gestos sostienen la vida en un mundo en crisis.

  • ¿Qué formas de conocimiento y relación emergen del hacer material y corporal?
  • ¿Cómo pensar el cuidado como práctica sostenedora de mundos, más allá de su dimensión afectiva o moral?
  • ¿Qué significa corresponder con territorios y con comunidades humanas y no humanas?
  • ¿Cómo estas prácticas permiten imaginar otras formas de habitar, más allá de lógicas extractivas y productivistas?
  • ¿De qué manera el arte, la curaduría o la investigación pueden volverse formas de cuidado y de correspondencia?

Convocamos investigaciones, experiencias y reflexiones desde una perspectiva feminista e interseccional que exploren cómo el hacer, el cuidar y el corresponder configuran prácticas de habitar y sostener la vida. Nos interesan trabajos que analicen cómo mujeres, cuerpos feminizados, comunidades racializadas, campesinas e infancias despliegan estas prácticas como formas de resistencia frente a estas problemáticas, desde experiencias situadas, estudios teóricos, laboratorios, etnografías, pedagogías, oficios, prácticas comunitarias y la vida cotidiana.

 

 

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Colaboradores:

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